jueves, 20 de diciembre de 2007
El Siglo: Empresa intenta dividir al Sindicato
Cuando la huelga legal de los trabajadores del Semanario El Siglo cumple 80 días (20/12/2007), representantes de la empresa Editorial Siglo XXI iniciaron una ofensiva con la intención de romper el movimiento y a la organización sindical.
Asumiendo la estrategia de dividir para reinar, el gerente subrogante (René Amigo) y el director (Francisco Herreros) le ofrecieron al fotógrafo Jorge Zúñiga la posibilidad de reintegrarse al trabajo sin represalias, cancelándole los tres meses de sueldo impago, bajo el pretexto de que este conflicto no tiene salida pronta pues tendría un trasfondo político, al cual los dirigentes Julio Oliva y Raúl Blanchet les habrían arrastrado como forma de “hacerle un gallito a la dirección del PC”.
La iniciativa comprendería el llamar uno por uno a quienes ellos consideran “engañados” para hacerles claridad y ofrecerles el mismo trato, es decir el reintegro sin represalias en las mismas condiciones en que se encontraban antes del inicio del conflicto. Esto, obviamente, dejando fuera de la lista a Raúl Blanchet, Julio Oliva y Jorge Texier, a quien ya se intentó separar del sindicato ofreciéndole otro tipo de salida.
Sin embargo, el sindicato y los trabajadores en conflicto continúan unidos en torno al conflicto, señalando que este se resuelve como un todo y recordando la propuesta rechazada por la empresa de cerrar los juicios laborales, las fiscalizaciones y procesos de
Al cumplir 80 días en huelga, los periodistas y trabajadores de El Siglo ya han publicado dos números del boletín sindical “El Siglo en Huelga”, que ha contado con una muy buena recepción en los ámbitos sindicales, de derechos humanos y sociales, como también en el entorno político de la izquierda. Desde el lunes 17 de diciembre, además, se encuentran desarrollando sus labores en una sede sindical, entregada por
Este sábado 22, en Lord Cochrane 165, sede del Sindicato BHIF, los trabajadores en huelga harán una fiesta (
jueves, 6 de diciembre de 2007
Trabajadores entran en el tercer mes de paralización
El Siglo: Huelga comienza nueva etapa
Al comenzar el tercer mes de huelga legal, los trabajadores del semanario El Siglo emprendemos una nueva etapa en la lucha por reivindicar nuestro derecho a contar con un contrato de acuerdo a las mínimas conquistas logradas por el movimiento sindical del país. Un contrato que asegure un salario reajustado de acuerdo al IPC de los últimos seis años -período durante el que se nos ha mantenido un mismo sueldo-, contrato que asegure la existencia de condiciones materiales básicas para el desarrollo de nuestras labores y las mínimas medidas previsionales dispuestas por la ley.
En caso que la empresa persista en no dar cumplimiento a estas exigencias legales, esperamos que se nos desvincule y cancele a lo menos un mes por año de servicio, también según dispone la ley.
Insistimos en que los argumentos respecto a los malos resultados económicos de la empresa no son de nuestra responsabilidad. Nosotros no administramos y jamás intervenimos en los infructuosos intentos de gestión sostenidos durante 17 años por los responsables de su dirección. No tenemos por qué ser tributarios de la incapacidad e incompetencia de quienes debieron responder hace tiempo por los malos resultados.
El periódico se siguió imprimiendo con rompehuelgas. Ahora la empresa ya puede contratar legalmente al personal que nos reemplace.
Por nuestra parte, la ley nos faculta para solicitar la clausura de la empresa, pero no recurriremos a este derecho, no emplearemos esta medida, que aún cuando nos parece legítima, nos resulta demasiado fuerte y no significaría nada ante la irracionalidad de un directorio que ha hecho históricamente la vista gorda con toda clase de deformaciones y vicios administrativos, sin importar el éxito o fracaso del proyecto El Siglo, comportamiento que mantiene hoy. En cambio sería un golpe para quienes albergan la esperanza de que podamos superar este conflicto mediante el uso de la razón.
Por lo mismo, desde ahora nuestro piquete se dedicará a salidas de distribución de este boletín –que será entregado a cambio de una adhesión voluntaria de $ 500-, para ayudar a resistir el período complejo que se nos viene, con fiestas de fin de año incluidas, en el cual seguramente cumpliremos tres meses sin recibir nuestro sueldo producto de la tozudez de los dueños de Editorial Siglo XXI que se han negado rotundamente a concordar una salida a este conflicto laboral.
Julio Oliva García, Presidente.
Raúl Blanchet Muñoz, Secretario.
Ana Muga Sáez, Comisión Negociadora.
Jorge Texier Avellaira
Magdalena Muñoz Gutiérrez
Eliana Gómez Sáez
Jorge Zúñiga San Martín
Sindicato de Trabajadores de Editorial Siglo XXI
(Semanario El Siglo – RSU 13.01.3098)
6 de diciembre de 2007
jueves, 29 de noviembre de 2007
El Siglo: Huelga se acerca a los dos meses
Empezamos nuestra novena semana de huelga siempre convencidos de la justeza de nuestras demandas.
Pedimos que se nos haga un contrato colectivo, pues hasta ahora sólo dos trabajadoras cuentan con contrato indefinido, según lo establecido por la ley. Demandamos que se reajuste nuestros sueldos que permanecen invariables desde 2001, en un 30 %. Condiciones físicas de trabajo adecuadas. Un bono compensatorio por años trabajados sin pago de imposiciones.
Pedimos que, si no se nos responde satisfactoriamente nuestra propuesta de contrato colectivo, pactemos nuestra desvinculación de la empresa y se nos cancele un mes por cada año trabajado.
Lo hicimos convencidos de que era posible encontrar una salida al conflicto.
Presentamos responsablemente una petición de $ 20.000.000 (veinte millones de pesos), pagaderos en dos cuotas, para repartir entre ocho personas de acuerdo a los años de servicio, incluidos dos de los trabajadores despedidos que mantienen juicios en contra de la empresa. Se nos ofreció $ 11.000.000. En una segunda ronda bajamos a $ 18.000.000 y ofrecimos se nos pagara en tres cuotas. Se nos ofreció $ 13.000.000. Finalmente bajamos a $ 17.500.000, pagaderos en cuatro cuotas, pero la empresa mantuvo los $
(Semanario El Siglo. RSU 13.01.3098)
Julio Oliva García, Presidente.
Raúl Blanchet Muñoz, Secretario.
Ana Muga Sáez, Comisión Negociadora.
Jorge Texier Avellaira
Magdalena Muñoz Gutiérrez
Eliana Gómez Sáez
Jorge Zúñiga San Martín
viernes, 23 de noviembre de 2007
Saludo solidario de Patricio Cuadra
Solidaridad con huelga de compañeros trabajadores de El Siglo
Estimado compañero:
Reciba usted un caluroso y cordial abrazo, el que tiene por objeto solidarizar con ustedes en la lucha sindical que mantienen, en busca de la razón de la sinrazón en que se ha convertido la administración empresarial de un medio que, se supone, es de los trabajadores, por los trabajadores y para los trabajadores.
Demás está decirle que mi perro Horacio lanza sus más fieras dentelladas contra aquellos que fueron capaces de convertir un colectivo periodístico, es decir, ese gran cañón de largo alcance al servicio de las grandes mayorías, en una olla de grillos mucho más cercana a las reglas del modelo neoliberal-concertraicionista, que a los verdaderos intereses de quien dice representar.
Aprovecho la oportunidad para solicitar a usted visite y difunda la página http://perrohoracio.blogspot donde mi perro, cada quince días, opina sobre algún acontecimiento de la actualidad.
Fraternalmente lo saluda y también al compañero Blanchet y a la compañera Ana Muga,
Patricio Cuadra V.
Fracasa intento de diálogo y la huelga continúa en El Siglo
Al cumplirse un mes del conflicto, el sindicato de trabajadores de El Siglo intentó romper el hielo en que se encontraban las relaciones con la empresa dueña del periódico entregando una propuesta de salida, la que en síntesis planteaba la salida de todos los trabajadores a cambio de una modesta indemnización -20 millones de pesos a repartir entre ocho personas- y con ello poner fin a todas las causas depositadas en tribunales laborales y las denuncias realizadas ante
Sin embargo, tras largos días de espera donde solamente los trabajadores respetaron una tregua tácita pues desde El Siglo se continuó atacándoles, la respuesta de los dueños del periódico fue nefasta: 11 millones de pesos, un poco más de la mitad de lo solicitado. Continuando las gestiones, los trabajadores estuvieron dispuestos incluso a una rebaja cercana al 15% en su petición, pero la empresa respondió con dos millones más e intentó dividir a los trabajadores señalando cantidades personalizadas, en las cuales los más afectados eran los dirigentes del sindicato, el presidente Julio Oliva y el secretario Raúl Blanchet, a quienes se les pretendía reconocer solo cuatro de su ya largos años de trabajo en el periódico. Otro de los más afectados era el editor internacional, Jorge Texier, a quien se le otorga el trato de "colaborador externo" pese a que su pauta y sus horarios dependen de la dirección del medio y elabora tres o cuatro páginas semanalmente.
La última respuesta de la empresa, entregada a pocos días del término de
Declaración pública: 52 días de huelga
Hoy, jueves 22 de noviembre, cumplimos 52 días de huelga, manteniendo desde hace semanas, la poco honrosa categoría (para nuestros empleadores) de ser la huelga más larga en el país.
52 días en que hemos recibido la solidaridad de un sinnúmero de personas y organizaciones, tanto sociales, sindicales como políticas, muchas de ellas con diferencias ideológicas, pero unidas en el criterio irrestricto de la defensa de los derechos de los trabajadores, sin excepciones, y de lo impresentable que resulta para quienes nos identificamos con la historia del movimiento sindical chileno, el que no se nos reconozca nuestro derecho a sindicalizarnos ni a negociar colectivamente.
Han sido días de resistencia, en el que hemos recibido el mismo trato que en cualquier empresa: no hay reconocimiento a nuestro sindicato ni a la negociación colectiva que presentamos; nuestros dirigentes han sido víctimas de despido (aunque reintegrados por orden de
Se nos ha acusado de querer hacerle daño al partido. Una y otra vez hemos repetido que los que le hacen daño no somos nosotros. De hecho, le planteamos al directorio una salida a este conflicto, pero la empresa respondió con una contrapropuesta insultante.
Es por ello que cumplimos estos casi dos meses de huelga con la decisión, aún más inamovible, de no cejar en la defensa de nuestros derechos. La empresa, como cualquier otra, está apostado a nuestro agotamiento y a que nuestros bajos sueldos (con los cuales vivíamos al día, como la mayoría de los trabajadores), no nos permitirían resistir mucho tiempo, pero hasta el momento, la solidaridad de clase ha estado de nuestro lado y sabemos que seguiremos contando con ella, porque estamos concientes que nuestra pelea es justa y desenmascara los dobleces.
Exigimos que quienes hablan de los derechos de los trabajadores, actúen en consecuencia.
Exigimos que exista coherencia entre el discurso y la práctica.
Por el Sindicato de Trabajadores de Editorial Siglo XXI R.S.U. 13.01.3098 (Semanario El Siglo)
Julio Oliva García, Presidente.
Raúl Blanchet Muñoz, Secretario.
Ana Muga Sáez, Comisión Negociadora.
Jorge Texier Avellaira
Magdalena Muñoz Gutiérrez
Eliana Gómez Sáez
Jorge Zúñiga San Martín
Contactos:
Julio Oliva G. (Presidente)
09 5893617
Ana Muga Sáez
Periodista
9.0859133
jueves, 15 de noviembre de 2007
Siete semanas en huelga legal
13 de noviembre de 2007
Cumplido el día 43 de nuestra huelga legal, seguimos recibiendo el saludo solidario de muchos compañeros. Una de estas palabras de apoyo tomó la forma de un pedazo de historia de nuestro semanario en los años de dictadura.
Reenviamos este texto por las lecciones que ofrece y agradecemos profundamente al compañero que nos lo envió. Con la historia de este amigo, queremos agradecer a todos aquellos que siguen dándonos voces de aliento en esta pelea que sabemos absolutamente justa y necesaria.
"La pequeña imprenta del
Clandestinamente se hacía El Siglo, pero era una imprenta en toda la línea, con patente, facturas, tarjetas de visitas y una vendedora a la que todos queríamos comernos. La había fundado el Mono G, M. P. y J. C. muchos años antes. Cada una de las veces que quebró, no faltó la mano amiga que la rescató de deudas y acreedores e hizo nuevamente el milagro de mover unas máquinas veteranas. Entre papelería de todo tipo, se imprimió, durante largos años, todo cuanto estaba prohibido. Ahí se hicieron los primeros panfletos de lo que sería conocido pronto como FPMR, para la propaganda armada en el tren al sur, a la altura de
Había otra garantía: hacer las planchas offset nos permitía la herejía de corregir en los originales aquello que no nos gustaba o respecto de lo cual no compartíamos políticamente. Sólo por llevar la contra, a veces cambiábamos el eterno mono que llevaba el interior, un bosque de banderas que marchaba en una dirección, poniéndolos en dirección opuesta. La impresión y encuadernación del diario, era relativamente simple: bastaba encerrarse un par de días. A menos, claro está, que fallara el maestro, el ayudante, el encuadernador, el jefe de taller o todos juntos. Esta última posibilidad fue las mas frecuente. Los días viernes, días de pago, la cosa no podía terminar ahí y probablemente nos fuéramos los Puchos Lacios para rematar en el topless El Infierno, a sugerencia de un infaltable de muchos viernes: M. P. Una vez después de tomarnos un jarro doblero de bajativo, caímos nuevamente a El Infierno. No más llegar, en un dos por tres trepé el escenario y en otro dos por tres estaba en medio de la calle Diez De Julio, aventado por los guardias que no quisieron creer que la bailarina en topless era una prima que no veía hace mucho. Desperté en Puente Alto, sin saber dónde estaba, sin rastros del suple y con sed. En esas oportunidades nos atrasábamos con el diario, pero daba lo mismo porque el equipo de distribución era mucho más lento que la imprenta. Alguna vez también distribuimos el Siglo, lo que era, a todas luces, una irresponsabilidad que violaba el mínimo abc de la conspiración.
Guatón, con su hija nuevecita en los brazos de su mujer en la función de copiloto, manejaba su furgón Suzuki por Departamental, estado de sitio en curso, cuando un grupo de pacos listo para el asalto final, le hace señas de detenerse. En la parte delantera X con su guagua en brazos, en la trasera cajas plataneras llenas de El Siglo. El milagro de la tierna maternidad aligeró el ceño fruncido de las fuerzas del orden y se pudo entregar el diario en la panadería que hacía de buzón. No recuerdo si era la compañera dueña de casa o su hija, la que nos alborotaba bastante por su físico voluptuoso y su cara bonita. La vez que más susto pasamos fue cuando repartíamos el diario en una Citroneta. Por las mañas propias de este vehículo quedamos en panne sin poder arrancar hasta que se acercó, silencioso, un furgón de pacos, con chalecos antibalas reglamentarios y uzis con bala pasada. Le explicamos que llevábamos artículos de greda y que el sudor de la frente y de todo lo demás, era por el esfuerzo para hacer arrancar la citro, que no era primera vez y que alguna vez la quemaríamos por inservible. El sargento, rubicundo y con cara de tener sed, hizo bajar al contingente y sin dejar sus uzis ni los chalecos nos empujaron hasta que el motor de la citro se le ocurrió partir. Pasamos el nerviosismo en el Chancho Viñatero con dos jarros de borgoña en frutilla y unos churrascos. Nadie que no conociera el staff de la imprenta Llareta podía saber que hacíamos impresos clandestinos. Y nadie que nos conociera podía comprenderlo. Más parecía una escuadra de poetas errantes, bohemios y alcohólicos que un equipo de trabajadores clandestinos con toda la disciplina que ese empeño requiere. Guatón había heredado la imprenta del L. G. También heredó a S.S., a R. T., al Súper Efe, y a Tomasito, alguna vez a Juanito Matamala, como part time, y por un tiempo, a mí mismo, después de haber trabajado parte de la dictadura en imprentas varias que hacían más o menos lo mismo, dejado la universidad y meterme en cuanto lío rondaba cerca. Era un equipo desordenado que más gustaba de tomar vino y declamar poesías que de reuniones políticas. Por entonces, como ya dijimos, era frecuente que los viernes termináramos gastando el miserable suple en alguna de las chicherías que teníamos mapeadas en toda la ciudad.
Sería la semana anterior al dos y tres de julio de 1985, del que ya casi nadie habla, cuando en reunión de secretariado dicté el plan de Mensaje para esos días de protesta nacional al encargado de ese frente. Salimos de Los Cacharros, cerca de Labranza en Temuco, con la tareas algo claras para enfrentar los días que suponíamos decisivos. No hubo tal. La gente estaba en las calles y los milicos y los pacos también. Cuando la represión se retiró, sólo quedó la más grande protesta popular que habíamos visto hasta la fecha, lo que era mucho. Al otro día, el encargado de Mensaje me la suelta. El plan se le había quedado en un cuaderno en un colectivo temuquense. En el cuaderno iba además de su nombre verdadero, su dirección. Lo sacaron en calzoncillos de su cama dos días después y estuvo tres meses preso. Debí salir de la zona, contra la opinión del Jefe. Volví por mis cosas, un colchón y un televisor en blanco y negro, después de una semana. Al llegar a Santiago, llamé al Guatón para que me acompañara al terminal y retirar mi colchón y mi tele. Ven al taller y vamos, me dijo.
En Ahumada compré una Novela de Maigret. Al llegar al taller, leyendo a Simenón, entré inadvertidamente. Adentro había el entusiasmo, el humor negro y la garrafa de tinto de siempre. Vamos enseguida, me dijo el Guatón, pongo a imprimir estos panfletos y estamos. A esas alturas del estado de sitio por el intento de tiranicidio, se sabía que Llareta era la única imprenta que se atrevía a operar. El día anterior había llegado un médico siquiatra amigo para exigir, en sus palabras, que le imprimieran de inmediato El Asombro, el mejor pasquín que se vio en toda la dictadura, que no tuvo más de cuatro números, lamentablemente. Era una edición especial referida al atentado al dictador. Los familiares golpes en la puerta no hicieron sospechar nada. Sólo cuando vimos entrar la tromba de sujetos armados gritando como si estuvieran asaltando el Morro de Arica, nos hizo caer en cuenta que había llegado
Ahí dejó de funcionar por mucho tiempo la heroica imprenta Llareta. No fue el único taller que hizo El Siglo, pero fue. Por eso es tan curioso ver hoy a El Siglo en huelga. Me pregunto qué será de ese equipo que por tantos años hizo el ejercicio del miedo y del valor cada quincena, cada semana y todos los días. Y me respondo que de estar, estarían con ustedes. Es que la vocación de meterse en líos de aquellos camaradas, no se detenía en ningún tipo de cálculo, temores, ni reverencias." (Escrito por Ricardo Candia)
Sindicato de Trabajadores
Sociedad Editora, Impresora y Distribuidora de Publicaciones
Siglo XXI Ltda. (Semanario El Siglo)
R.S.U. 13.01.3098